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SELECTIONS FROM "CANCIONES"

©EDITORIAL ANDRES BELLO

Av. Ricardo Lyon 946, Santiago de Chile


MI NIÑA SE FUE A LA MAR...

Mi niña se fue a la mar,

a contar olas y chinas,

pero se encontró, de pronto,

con el río de Sevilla.

Entre adelfas y campanas

cinco barcos se mecían,

con los remos en el agua

y las velas en la brisa.

¿Quién miro dentro la torre

enjaezada, de Sevilla?

Cinco voces contestaban

redondas como sortijas.

El cielo monta gallardo

al río, de orilla a orilla.

En el aire sonrosado,

cinco anillos se mecían.


CANCION

Por las ramas del laurel

van dos palomas oscuras.

La luna era el sol,

la otra la luna.

Vecinitas, les dije,

¿dónde está mi sepultura?

En mi cola, dijo el sol.

En mi garganta, dijo la luna.

Y yo que estaba caminando

con la tierra a la cintura

vi dos águilas de mármol

y una muchacha desnuda.

La una era la otra

y la muchacha era ninguna.

Aguilitas, les dije,

¿dónde está mi sepultura?

En mi cola, dijo el sol.

En mi garganta, dijo la luna.

Por las ramas del cerezo

vi dos palomas desnudas,

la una era la otra

y las dos eran ninguna.



ARBOLÉ, ARBOLÉ...

Arbolé,arbolé

seco y verdé.

La niña del bello rostro

está cogiendo aceituna.

El viento, galán de torres,

la prende por la cintura.

Pasaron cuatro jinetes,

sobre jacas andaluzas

con trjes de azul y verde,

con largas capas oscuras.

"Vente a Córdoba, muchacha."

La niña no los escucha.

Pasaron tres torerillos

delgaditos de cintura,

con trajes color naranja

y espada de planta antigua.

"Vente a Córdoba, muchacha."

La niña no los escucha.

Cuando la tarde se puso

morada, con luz difusa,

pasó un joven que llevaba

rosas y mirtos de luna.

"Vente a Granada, muchacha."

Y la niña no lo escucha.

La niña del bello rostro

sigue cogiendo aceituna,

con el brazo gris del viento

ceñido por la cintura.

Arbolé, arbolé

seco y verdé.


LA LUNA ASOMA

Cuando sale la luna

se pierden las campanas

y aparecen las sendas

impenetrables.

Cuando sale la luna,

el mar cubre la tierra

y el corazón se siente

isla en el infinito.

Nadie come naranjas

bajo la luna llena.

Es preciso comer,

fruta verde y helada.

Cuando sale la luna

de cien rostros iguales,

la moneda de plata

solloza en el bolsillo.


CANCIONCILLA DEL PRIMER DESEO

En la mañana verde,

quería ser corazón.

Corazón.

Y en la tarde madura

quería ser ruiseñor.

Ruiseñor.

(Alma,

ponte color naranja.

Alma,

ponte color de amor.)

En la mañana viva,

yo quería ser yo.

Corazón.

Y en la tarde caída

quería ser mi voz.

Ruiseñor.


NARCISO

Narciso.

Tu olor.

Y el fondo del río.

Quiero quedarme a tu vera.

Flor del amor.

Narciso.

Por tus blancos ojos cruzan

ondas y peces dormidos.

Pájaros y mariposas

japonizan en los míos.

Tú diminuto y yo grande.

Flor del amor.

Narciso.

Las ranas ¡qué listas son!

Pero no dejan tranquilo

el espejo en que se miran

tu delirio y mi delirio.

Narciso.

Mi dolor.

Y mi dolor mismo.


CANCION DEL NARANJO SECO

A Carmen Morales

Leñador.

Córtame la sombra.

Librame del suplicio

de verme sin toronjas.

¿Por qué nací entre espejos?

El día que me da vueltas.

Y la noche me copia

en todas sus estrellas.

Quiero vivir sin verme.

Y hormigas y vilanos,

soñaré que son mis

hojas y mis pájaros.

Leñador.

Córtame la sombra.

Librame del suplicio

de verme sin toronjas.


CANCION OTOÑAL

NOVIEMBRE DE 1918

(Granada)

Hoy siento en el corazón

un vago temblor de estrellas,

pero mi senda se pierde

en el alma de la niebla.

La luz me troncha las alas

y el dolor de mi tristeza

va mojando los recuerdos

en la fuente de la idea.

Todas las rosas son blancas,

tan blancas como mi pena,

y no son las rosas blancas,

que ha nevado sobre ellas.

Antes tuvieron el iris.

También sobre el alma nieva.

La nieva del alma tiene

copos de besos y escenas

que se hundieron en la sombra

o en la luz del que las piensa.

La nive cae de las rosas,

pero la del alma queda,

y la garra de los años

hace un sudario con ellas.

¿Se deshelará la nieve

cuando la muerte nos lleva?

¿O después habrá otra nieve

y otras rosas más perfectas?

¿Será la paz con nosotros

como Cristo nos enseña?

¿O nunca será posible

la solución del problema?

¿Y si el amor nos engaña?

¿Quién la vida nos alienta

si el crepúsculo nos hunde

en la verdadera ciencia

del Bien que quizá no exista,

y del mal que late cerca?

¿Si la esperanza se apaga

y la Babel se comienza

qué antorcha iluminará

los caminos en la Tierra?

¿Si el azul es un ensueño,

que será de la inocencia?

¿Qué será del corazón

si el amor no tiene flechas?

¿Si la muerte es la muerte,

qué será de los poetas

y de las cosas dormidas

que ya nadie las recuerda?

¡Oh sol de las esperanzas!

¡Agua clara! ¡Luna nueva!

¡Corazones de los niños!

¡Almas rudas de las piedras!

Hoy siento en el corazón

un vago temblor de estrellas

y todas las rosas son

tan blancas como mi pena.